Con el nacimiento de Bauti vino el cambio increíble y a veces difícil por el que pasa todo padre primerizo.
Lo llevábamos regularmente a la pediatra y para control, siguiendo todas las indicaciones que ella nos aconsejaba.
Con el paso de los meses llego a su primer año, Bauti era muy mamero y abuelero (perdón real academia española), y en el tercer puesto estoy yo. Nadie aparte de nosotros podía tocarlo, darle de comer o acercarse demasiado sin provocar en el llanto.
Los meses siguen pasando, y las inquietudes se empiezan a plantear en el fondo de todos, aunque nadie se anima a manifestarlo en vos alta, Bauti no acepta a otras personas, no juega con otros nenes, no acepta otra comida que puré de verduras y leche y tiene pánico a su pediatra........... visto esto, nuestra pediatra considera que el peso de nuestro pequeño es el adecuado, que mide lo correcto, que mas tarde aceptará otro tipo de comida y que sobre todo cree que es conveniente que mamá y papá vayan al psicólogo por que quizás su forma “temerosa” de ser se debía a sobreprotección de nuestra parte.Ummm no dijimos quizás algo de razón tenga.... pero en el fondo nos plateábamos buscar a un nuevo pediatra.
Bauti cumple dos años... y adivinen que, sigue siendo un verdadero sol, es simplemente hermoso y cuando te regala una sonrisa puede alegrar hasta el peor de todos tus días, pero seguía siendo igual, poco variedad en sus comidas, poca o nula sociabilización, notábamos que se concentraba “demasiado” en determinadas figuras de sus libros de cuentos y se enojaba si le cambiábamos de hoja, y que era un genio para los rompecabezas.
Entonces alguien le pregunta a Luciana, Bauti te mira a los ojos?... y ahí empezamos a prestar cada vez más atención... el no nos miraba nunca... nos seguía en la calle perfectamente, pero en casa no nos daba mucha atención... algo no estaba bien.
Decidimos llevarlo a control a otro pediatra, fuimos con el Doctor S., el nos escucho todo lo referente a su alimentación, pero nos presto mucha atención cuando hablamos de la particular manera de ser de nuestro solcito, el se sentó en el piso saco unos juguetes, y Bauti inmediatamente comenzó a acomodarlos en fila y en diez minutos no derivó con un neurólogo por un posible grado de autismo......
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Explicar lo que sentís cuando te dicen algo así no es posible, no lo es... todo se derrumba, te destruye y la impotencia es tan inconmensurable.
Y Bautista estaba ahí, igual que cada día jugando, balbuceando solo, sin saber todo lo que nos pasaba...